viernes, 8 de julio de 2016

exquisita liviandad

Anel: Qué extrañás?
Myra: Extraño cómo era yo con él. Me extraño a mi. Cómo me sentía estando a su lado. Esa sensación de libertad. Felicidad. El no importarme nada, pero literal. No es una frase hecha. Realmente no pensada en nada mas que ese momento.
Anel: Qué lo hacía tan especial?
Myra: Todo. El juego, las risas. Extraño reirme tanto. Hacíamos el amor riéndonos. Mirándonos a los ojos y sonriendo. Nos disfrazábamos, bailábamos. Nos sacábamos la ropa y nos escapábamos a la ducha. Nos bañábamos juntos y nos reíamos. Era especial porque sentíamos el despojo. La vulnerabilidad. No había caretas, poses, No había muros entre el sentir y el hacer. Éramos lo que éramos, y estaba bien. Sin juicios, solo siendo.
Myra: Qué mas?
Anel: No había tiempo. Era como si el tiempo se detuviera para nosotros, flotábamos en un universo sin tiempo. Mirarnos a los ojos y detenernos sin pensar.
Anel: Qué necesitás ahora?
Myra: Sentir que se me detiene el tiempo. Verme de nuevo llena de esos colores que irradiaba. Poder abrir el pecho y sentir.
Anel: No podés sentir?
Myra: Intento. Quiero. Pero tengo el pecho cerrado. Como si no pueda penetrar en él ni el mas tierno gesto. Y yo miro a alguien que sufre. Trato de ayudarlo. Trato de decirle que ese no es el camino, que tiene que cambiar de ruta. Porque yo sé que esas barreras no sirven pero después pienso "con que autoridad puedo yo aconsejarlo?". Si soy un fiasco, si me desvivo para saber cómo sacarme de este pecho todo lo que cargo, y no puedo. Si me paralizo ante el primer atisbo de emoción. Y te juro que intento, el puto universo sabe el esfuerzo que hago pero no me da tregua. Me pide mas y mas y mas y ya no sé cómo darle lo que quiere. Me culpo. Porque no puedo retener esos momentos de felicidad. Es como si se me escurrieran entre los dedos. Quiero sostenerlos y se derriten. Me despierto a la noche y pienso una y otra vez "qué estoy haciendo mal??" Me desvelo pensando qué mas tengo que hacer. A veces sabés con lo que fantaseo?
Anel: Con qué?
Myra: Estoy acostada y salgo de mi. Tengo una daga en la mano. Me siento encima y hundo la daga en mi pecho para abrirlo por la mitad. Y empiezo a clavar la daga en cada una de las paredes que hay, destruyo muros, puertas cerradas, todo hasta llegar solo a la carne, los huesos y el corazón latiendo. En ese momento vuelvo a mi, con una sensación de liviandad que me hace flotar. Qué necesito? Eso, liviandad para poder sentir.