martes, 24 de junio de 2014

Ana

"No podés. No. Te lo suplico. No". Pero era mas fuerte que él. Como la mejor de las drogas; de esas que solo se consiguen de vez en cuando. 
No importaba la hora, el lugar, la distancia, el clima, solo la necesidad de escuchar su voz. 
La satisfacción empezaba desde el momento en que el solo pensamiento de llamarla se cruzaba por su mente. Después de eso, era todo una gran caída libre. 
Marcaba lento cada uno de los números, muy lento, lo máximo que le premitía la compañía telefónica antes de anunciarle que el número que había marcado no correspondía a un abonado en servicio. A veces pasaba, entonces cortaba y volvía a presionar los números, esta vez un poco mas rápido. 
Cuando el tono de llamado retumbaba en su oído, sentía cómo el corazón latía a velocidades  inhumanas. Se le cortaba la respiración, de hecho, a veces estaba convencido que dejaba de respirar por varios minutos. Hasta que de pronto, una gran explosión psicodélica de luces, sensaciones y aromas extraordinarios se apoderaban de su ser: ella dijo hola
Su voz suave, dulce, comprensiva, sensual, era el mejor elixir que alguien podía tener. Él lo había probado. 
No tenía nada que decir, nada que preguntar. No había inventado una excusa para llamarla, no quería. "Solo quiero escuchar tu voz". Ella sabía, comprendía. Ella estaba mas allá. Supo contenerlo mucho tiempo, supo encontrar las palabras para hacerlo sentir bien. Supo malcriarlo como a un niño. Ella supo muchas cosas mas después, con el tiempo.
"Para qué?". Esa fue la lanza que tenía preparada. Él no la vió venir. Ella era el perfecto equilibrio entre el bien y el mal; entre la luz y la mas profunda oscuridad. Podía darte todo, y también quitártelo en un solo abrir y cerrar de ojos. Esos ojos enormes, negros como la noche, casi violáceos.
"No sé Ana, para reconfotarme". En el mismo instante en que terminó la frase, supo que había cavado su propia tumba. Supo que el arma estaba cargada con la única bala que había entrado al tambor justo antes de apretar el gatillo. "Para reconfortarme? -pensó- qué patético".
"Y lo que a mi me reconforta no importa?". 
Ana estaba cansada. Estaba harta de esas pequeñas apariciones esporádicas, egoístas. Ana se había agotado de tanta injusticia poética. La vida es otra cosa pensó una vez, y salió al mundo a buscar su pequeña porción de paraíso. Él, definitivamente, no formaba parte de ese lugar. 
"Si Ana, disculpame, es que yo..." Ana no solía interrumpir. Nunca interrumpía. Pero ella no era la misma, ya no. 
Ya no acariciaba dulcemente con sus manos anchas, no sonreía a pesar de su tristeza. No decía las palabras que él quería oir, aún cuando no creía en ellas. Ana ya no estaba a disposición de la necesidad del otro. 
Y lo interrumpió ferozmente. "No, no te disculpo. No es justo para mi. Tampoco para ella.".
A Ana no le importaba ella, le parecía una personita muy insignificante. Pequeña. Una manipuladora de poca monta. Un manojo incontrolable de inseguridades patéticas. Una don nadie. Pero no podía negar el hecho de que él la había elegido. Ella era quién dormía en su cama. Asi que por mas insignificante que le pareciera, sabía que no era justo. 
"Ana..." llegó a suspirar él. Casi imperceptibles, sus palabras se perdieron en el rotundo discruso de Ana, quien lo volvió a interrumpir, para no callar hasta el momento del adiós. 
Él se quedó mirando el teléfono como esperando una explicación. Las lágrimas habían inundado toda la pantalla y el vacío se apoderó de su alma entera. 
"Ana?" repetía una y otra vez al teléfono enmudecido.

lunes, 16 de junio de 2014

el mejor momento de la velada

Adoraba verla alejarse de la cama desnuda. Era la mejor parte de la noche. Cuando ella se levantaba, él se acomodaba como si estuviera a punto de ver una obra de teatro. Preparaba cada detalle para que nada pudiera interrumpir esos gloriosos minutos. Giraba en torno a ella y sostenía su cabeza con la mano, apoyando su codo en la almohada. Si había una silla con ropa colgada, la corría rápidamente de una larga patada. Nada iba a impedir el mejor momento de la velada. 
Ella se sentaba en la cama, segundos antes de levantarse, y los ojos de él parecían dilatarse como solo una dulce y atractiva droga podría hacerlo. Su pulso se aceleraba, la boca se resecaba y sus manos comenzaban a temblar. 
Tan atractiva silueta caminaba lento, casi detenida en el tiempo. Y él sentía que de pronto nada mas existía en aquella sucia habitación de hotel barato. Sentía que esa esbelta, larga, infinita mujer caminaba hacia un horizonte ficticio. Disfrutaba cada paso que ella daba, hasta que las sombras la devoraban con su inmensa oscuridad; hasta que ya nada quedaba de ella, salvo el rastro de aquel perfume barato que se mezclaba con el olor a humo rancio y sexo desenfrenado. 
"El mejor momento de la velada", decía para sí mismo. Cada vez registraba casi fotográficamente una parte distinta de su cuerpo. Tal vez sus manos, con aquellos dedos largos y finos de pianista. O sus pies, flacos y deformes con una belleza rústica que él adoraba. Sus ojos, grandes, pardos, tristes y por momentos (si la noche no había tenido ninguna mala experiencia) apasionados. 
Inventaba escenarios distintos para sus piernas: a veces eran húmedas cascadas que caían vírgenes desde el cielo, con un arco iris atravesándolas; otras, eran rojos volcanes del infierno, escupiendo lava hirviendo en cada paso. Le provocaban tanta imaginación ese par de piernas interminables, que él mismo se sorprendía.
Ella lo conocía muy bien. Hacía años que se encontraban el mismo día, a la misma hora, en el mismo lugar. "Algún día te vas a cansar de mi. Va a llegar el día en el que hayas visto cada detalle, cada centímetro de mi cuerpo y te vas ir, como hacen todos, como corresponde". Ella no era de hablar mucho, pero a veces, solo a veces, dejaba salir su dulce voz con esa frase. Con ese oculto pedido de permanencia. Él la escuchaba detenidamente, interpretando lo que para él, ella decía. "No me voy a ir Ana, no podría". Y lo cierto era que cada palabra de aquella respuesta era la única verdad que él sentía había dicho en su vida. Porque lo había intentado, quiso irse, alejarse de ella, de sus ojos, sus piernas, sus manos, de su pelo desteñido, de su cuerpo cansado. Realmente quiso hacerlo, pero no pudo. 

Con ella sentía que el universo, por dos horas, se detenía. Que el tiempo ya no era tiempo, como si todo el resto de la existencia quedara inmovilizada. Todo inmerso en una nada. Sin tiempo, ni espacio, ni lugar, ni vida, ni muerte. Solo ellos dos, solo esa silueta esfumada en ese horizonte mágico que lo hacía sonreir a cada paso. Tan bella, tan ella. Perfecta a sus ojos. 
Sus brazos parecían perforar el aire como espadas filosas; otras veces eran finas cañas de bambú que susurraban con el viento una melodía dulce, largos juncos que se doblaban en el aire sin quebrarse. Tan frágiles pero resistentes eran sus largos brazos. A veces lo abrazaba, y él sentía que era feliz. Tan feliz. Envuelto en esos brazos parecía estar en un mundo melódico, como si fuera parte de una canción, un saxo sonando a lo lejos. Tan feliz.
El día que quiso dejarla fue porque se asustó. Tuvo tanto miedo de perderla para siempre. Esa noche todo era tan perfecto, tan puro. La música acompañaba cada movimiento sensual que ella hacía. Brillaba, brillaba tanto como el entero firmamento y su infinidad de estrellas. "Es tan especial" pensaba mientras sentía su sexo bien adentro de su flamante figura. La miraba fijo a los ojos mientras ella sudaba como el rocío que se posa sobre una rosa en la noche. "Es tan perfecta" y sus ojos se cruzaron. Por un minuto ella sostuvo su mirada en los ojos de él. Lo sorprendió, se sintió expuesto, y exultante a la vez. Estaban sentados en la cama, ella sobre él. Los dos desnudos, transpirados, agitados. Él puso su mano derecha suavemente sobre su mejilla, ella desvió la mirada, pero él la volvió a traer con su otra mano en la otra mejilla; y una vez conectados, en ese momento en el que no había nada mas qué él y ella, unidos, entrelazados, le dijo "te amo". Nunca había visto los ojos de ella abrirse tan grandes, tan sorprendidos, con una rara mezcla de terror y compasión. "Perdón" le dijo él, con la voz quebrada. Ella siguió como si nada hubiera pasado. Esa noche él decidió dejarla, irse lejos para no volver. Cumplir la profecía que ella pregonaba de vez en cuando. No pudo. 
Algunas noches, cuando el sueño no lo acompañaba y el whisky barato se había acabado, repasaba una y otra vez su cuerpo alejándose. Se dormía pensando que podría ver esa imagen cada noche, todas las noches, toda la eternidad. Pero la economía de un escritor mediocre solo podía costear una noche por semana. 
La mejor noche de la semana...el mejor momento de la velada.

 https://www.youtube.com/watch?v=PZVE9OqqhZk



martes, 14 de enero de 2014

esas pequeñas cosas: el error...

Cuando uno de pronto supera algunas cotidianas angustias, se da cuenta que está absolutamente solo. No es que antes no lo supiera, o no lo hubiera notado, es solo que ahora desea estar con alguien. Compartir cosas, sentirse bien.
Pero resulta que no tiene tiempo: el trabajo, el niño, la casa, etc etc. Y aunque lo tuviera, está la inseguridad de salir otra vez a ese mundo lleno de oportunidades, y también de futuros fracasos.
Entonces comete EL error.
No es por justificar, pero quiero aclarar que el error del que voy a hablar, no surge porque si. Llega luego de una larga línea de pensamientos y sentimientos.
A ver, uno todavía no termina el duelo. Esto significa que atraviesa por una terrible sensación de tristeza, soledad, bronca. Siente que por dentro está absolutamente gris, que nunca va a volver a sentirse alegre por nada. Uno siente que nunca va a volver a reir de forma sincera y espontánea.
Todo eso es verdaderamente terrible y desesperante.
Ahí es cuando llega el  falso "excelente" pensamiento: por qué no volver a aquello que nos hacía felices???
Voy a responder ahora: porque desde el vamos, si estamos utilizando un tiempo verbal "pasado" es porque ya dejó de hacernos felices por X motivo en aquel momento. Entonces no tiene ningún, repito, ningún sentido volver a esa situación, instancia o lo que fuere.
Pero en el momento en que tenemos la "maravillosa" idea, negamos, reprimimos con todas nuestras fuerzas esa respuesta y cometemos EL error: nos metemos en la diabólica red social y comenzamos una búsqueda implacable que no hace mas que llevarnos al indefectible hecho del que hablábamos hace un rato: si es pasado, debe ser pisado.
Allí estamos, frente a una odiosa pantalla que nos muestra un presente ajeno maravilloso. Ojo, no es que uno desee que al otro le vaya mal ni mucho menos, pero en esta estúpida fantasía, en esta estúpida búsqueda de la felicidad por la vía rápida, uno tiene un dejo de esperanza de reencontrarse con aquella persona que alguna vez lo hizo feliz. Cosa que claramente, no volverá a suceder.
Y está bien que asi sea; las cosas se dan como se dan por algún extraño motivo que solo el universo en su inmensidad sabe. El tema es que a uno, a veces, lo agarra mal parado.
Tranquilos. Todo deja una enseñanza.
La desesperación no está mal, hágase amigo de ella. Forme parte de ella. Acéptela tal como es. Entonces, en algún momento, se va a dar cuenta que no quiere tener mas esa sensación, y va a salir a buscar la solución donde verdaderamente corresponde. No en el pasado, sino en el presente.
El pasado pudo haber sido hermoso, pero tenga en cuenta también que el tiempo hace que uno idealice las cosas. Tal vez ese pasado no fue tan hermoso. Tal vez en su momento usted no fue elegido, por eso se convirtió en parte del pasado. Por qué pensar que alguien quien en su momento no lo eligió, puede hacerlo feliz ahora??. Imposible.
Es difícil, duro, atemorizante, pero trate y haga su mejor esfuerzo en buscar la felicidad en el ahora, afuera, en este mundo que ofrece muchísimas cosas tan o mas maravillosas que aquellas que alguna vez lo hicieron feliz.
No está mal cometer errores, pero no se regodee en ellos. Aprenda de ellos y soluciónelos.
No tenga miedo de llorar por el pasado si se enfrenta a él. No deja de ser doloroso. Pero que las lágrimas sirvan para algo.
Y si, el error es parte del crecimiento...el crecimiento causa dolor....pero la recompensa va a ser realmente maravillosa...eso espero.