Ahora en este mismo momento debo admitir que disfrutaba compartir el mate. Y lo gracioso es que de pronto me encuentro mirando la bombilla como esperando una respuesta que sé nunca va a llegar. La mirada inquisitiva no hace mas que poner en descubierto la falencia que hay en pensar que al día siguiente "todo va a estar mejor".
De todas formas, por suerte, por la ventana asoma un tímido sol de otoño que mas o menos reconforta el alma. Entonces uno empieza a distraer la mente pensando qué cosas tiene que preparar para empezar el día, qué va a cocinar, a qué hora tiene que prepararse para ir al trabajo, etc etc. El problema está en que es dificil engañarse a uno mismo en estas circunstancias.Justamente de eso hablaba ayer con una amiga. Cómo hace uno para distraerse de aquellos difíciles pensamientos, cuando sabe positivamente que se está engañando? Es dificil, pero por momentos funciona. Aunque debo advertirles que el dolor en el pecho dificilmente se vaya. El engaño no llega a tanto.
Es triste escuchar el repicar de las teclas sabiendo que es uno quien escribe. Antes ese sonido le pertenecía al otro. Entonces cuando uno lo nota, deja de escribir y comienza a llorar. Y ahí está otra vez ese silencio matutino, esa mirada general que encuentra solo la ausencia.
Tal es el dolor, que lo único que se le ocurre a uno es llenarlo con sonido. Prende la radio (para no correr el riesgo de poner música que nos haga recordar. No es el momento), entra a las redes sociales con la esperanza de ver algún comentario, alguna cosa interesante pueda sacarnos esa espantosa sensación de soledad y tristeza.
Y así comienza el día, tratando de distraernos; buscando estímulos externos que nos ayuden con esa dificil tarea. Deseando que el mito "el tiempo lo cura todo" sea cierto.
Aún así, las mañanas son mucho mejores que las noches.
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