domingo, 11 de agosto de 2013

esas pequeñas cosas que duelen tanto

Cuando uno se separa lo que extraña son las pequeñas cosas.Esa diminuta cotidianidad que te aplasta en el momento menos pensado. Porque uno no se da cuenta, hasta que  si lo hace. 
Inicialmente se fía de esos instantes en los que se quiere autonvencer de que está bien, que no era tan grave,que se necesita tiempo pero que la cosa marcha menos dramáticamente de lo esperado. Uno se dice  que es mejor esperar un rato para abrir el placard y enfrentarse al vacío, entonces se siente maduro. "Después de tantas veces el cuerpo crea defensas". Error. El problema no es el cuerpo, ni siquiera el corazón; el problema es el alma. Yese pequeño detalle es el que arruina toda la fiesta. 
Qué contradictorio, hablar todo el tiempo de "pequeñas"  cosas y sin embargo, son las mas dolorosas. 
La diminuta cotidianidad de abrir la heladera y encontrar un queso que claramente, uno no compró. O sacar la ropa del tender y ver ese par de medias. Lavar los platos y pensar en lo distintas que van a ser las cenas y los almuerzos a partir de ese momento. Juntar los vasos y que sobre uno. Esas cosas que uno hace siempre y que ahora tienen un pequeño tinte negro. Abrir el espejo del baño para agarrar el desodorante y ver, de pronto, que sobra lugar, pero sin embargo queda espacio suficiente para una gillette olvidada.
Uno  planea cómo va a manejarse, cómo va a actuar frente a esa situación, como si estuviera en un avión y,como una azafata, va enseñándose los pasos a seguir en ese momento extremo. Eso lo  termina conviertiendo a uno en un estúpido omnipotente engreído. Nadie, absolutamente nadie, puede manejar en una situación de este tipo, los sentimientos que le producen. Tampoco el momento y mucho menos el lugar.
La angustia flota en el momento en que decide hacerlo, sin tener en cuenta los factores externos en que se encuentra uno: baño, parque, ascensor, sentado frente a una computadora. Consejo: si el alma se queja de dolor, no se resista, no importa el lugar, solo deje que las lágrimas fluyan, que el pecho se desahogue. Que la tristeza tenga un canal abierto por donde escapar. Después de todo, nadie es onmipotente.
Uno se pone a analizar, inteligentemente, en qué parámetros se equivocó para que la ecuación haya salido mal. Conversa con algún amigo de confianza, de aquellas cosas en las que cree se equivocó. Pide opinión, habla acerca de aquellas otras tantas cosas (seguramente muchas mas que las de uno) en las que se equivocó el otro. Hasta hace chistes al respecto. Consejo: disfrute ese momento, dura poco. Porque cuando uno llega a la casa, se da cuenta que no era este el momento de analizar los errores de uno y otro, justamente el momento era anterior, para evitar la separación. Ahora ya no tiene sentido. Es simplemnte una estrategia para ocupar la mente. Ojo, no está mal, solo que dura poco.
Las pequeñas cosas. Escuchar el ascensor y esperar, eternamente, a escuchar el sonido de llaves en la puerta que le seguían. Y cuando uno se da cuenta que ese sonido no va a llegar nunca, se pregunta por qué hay tanto movimiento en este estúpido piso. 
Esa es otra de las pequeñas cosas que hacen que de un momento a otro, todo parezca desmoronarse. Los sonidos. Uno empieza a escuchar cosas que nunca había oído antes. Y hay que acostumbrarse a eso también. Se siente raro, porque no es que haya cambiado de lugar, el espacio es el mismo y sin embargo todo ha cambiado. Eso también es muy raro.
Entonces se empiezan a mezclar los sentimientos, el acostumbrarse a la nueva situación, empezar una  nueva cotidianidad, mantener algunas cosas de la vieja, todo esto sumado al trabajo, hijos, resto de la familia. Ysi, es mucho. Tanto que ni siquiera podría sumar el desamparo y la culpa que uno siente cuando tiene un hijo. No puedo hablar de eso, porque todavía no logro entenderlo. 
Una querida amiga me ofreció quedarse conmigo en la noche. No tenía sentido, iba estar muy sola igualmente. Para qué  hacerla  pasar por esa situación?. Eso  es otra cosa  a la que uno debe acostumbrarse: sentirse solo aunque tenga un mundo de gente alrededor. Porque en definitiva, la soledad y la tristeza no se sienten en nuestro cuerpo, sino en nuestra alma. Y a ese remoto lugar es  muy dificil llegar. Pero debo reconocer que el hecho de pensar que alguien haría ese pequeño aunque grande sacrificio, es verdaderamente reconfortante.
Aferrénse a las mañanas, porque las noches van a ser muy difíciles.

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