viernes, 8 de septiembre de 2017

pesares

A veces todo pesa. Pesa en el cuerpo, en el alma. Como una gran bola de boliche que arrastramos sin querer. 
Pesa el aire que entra en los pulmones. Pesa la noche. La cama. 
Pesa el viento que nos toca la cara. La cotidianidad que nos rodea. El saberse libre sin sentirlo. 
Pesa el hambre, la falta de hambre, las náuseas que sentimos por el simple hecho de ser. 
Pesa salir al balcón, pero aún mucho mas, volver a entrar. 
Pesa el estar parada; acostada; caminando. Pesa la quietud, el silencio, la ausencia. Eso pesa mas, la ausencia. 
Pesa el silencio, los ruidos. La oscuridad de la noche. La luz artificial que ilumina estas palabras. 
Pesa el no parar de sentir. 
Pesa el corazón latiendo, la sangre fluyendo y la mirada perdida que todo lo ve. 
Pesa el recuerdo, el vómito de la bronca. Y la ausencia otra vez.
Pesa cada rincón del hogar, cada aroma, cada detalle que irrumpe la blanquecina pared. 
A veces todo pesa. El encontrarse perdida, ausente. El "aquí y ahora". Pesa la fantasía, el sexo, el no encontrar una mirada, una palabra que calme el volcán de angustia a punto de estallar. 
Pesa el techo, el piso y las cuatro paredes que encierran el descontento. 
Qué se hace con tanto peso? Qué se hace?
Espero paciente o impaciente que el cálido sueño termine con tanto vacío, para volver a empezar. Para tratar de sentir que en algún momento la cadena de ese peso se va a romper y va a permitir la elevación que tanto anhelo. Poder flotar por el aire para que el sentir no duela mas. 
A veces todo pesa, pero también, a veces, todo pasa.
Confío en que pronto, todo va a pasar y esto será un vago recuerdo de un momento al cual no voy a volver jamás. 
Espero que pronto, ya todo deje de pesar. 

martes, 30 de mayo de 2017

loca yo

Hoy no. Hoy no hay personaje. Solo yo. 
No sé por qué de repente se me vino un tango a la cabeza. Raro. No me gusta mucho el tango. "Quereme así, piantao piantao". No sé por que la quise escuchar. Bien, tranquila. La puse en el celular, que bella! Reía, no podía creer que estaba cantando un tangazo. 
Una frase. Hermosa. Libre. Se me heló en un segundo la sangre, la piel estremecida se contrajo. Las lágrimas brotaron casi sin darme cuenta. Me reí. 
"Qué sé yo, provoco campanarios con la risa". Seguís ahí, en cada tristeza. Cuando pienso que te había olvidado. No, ahí. Mirando desde la nebulosa con esas pestañas mas largas que la noche misma. Ahí, sonriendo, rindo a carcajadas. Ahí, con tus manos suaves. 
Y es tan loco, porque sé que ya no me pensás. Pero a veces, en la soledad mas brava, en la noche mas larga, yo sí te pienso. No sé por qué, tal vez para recordar qué es lo que quiero a mi lado, si no, mejor la soledad. Serás una vara muy alta?. Me voy a quedar sola? Y si nadie me vuelve a querer? Si soy yo? Soy yo?. Acaso es mucho pedir una risa sin sentido, un vals de sombreros alocados, una lluvia espiando por la ventana. Jugar en la calle, llorar los dos hasta el hartazgo. 
"Quereme así piantao, piatao piantao" Es que ya nadie va a querer mi locura? Es injusto que provoques todo esto. O no? 
Sabés qué? Qué lindo que aparezcas así, de golpe, con el viento, con una melodía. Dibujando lágrimas pero también sonrisas. Qué lindo que aparezcas así, imponiendo tu deseo de estar. 
Salgamos a volar querido mío. Demos una vuelta abrazados y provoquemos campanarios con nuestras risas. Volá conmigo ya. Qué lindo. 
Quererte así piantao fue lo mas lindo que me pasó. 
Loca yo.  

domingo, 30 de abril de 2017

Y así estamos...

De nuevo, otra vez, cometiendo los mismos errores de siempre, flagelando las mismas zonas, encontrando las mismas sombras. 

Y así estamos, ignorados, alejados, opacos. Transitando los espacios con la memoria, los roces, los...todo.

Cuando hablamos una y otra vez pero difícilmente escuchamos para uno mismo, estamos en problemas. Poner en palabras pero no en acción trae el mismo resultado. 

Y así estamos, gastando las mas bellas construcciones poéticas en quién no lo merece, refugiándonos en las mismas corazas, renunciando. 

Esperando hasta el hartazgo lo que uno sabe, nunca va a llegar. El eterno y circular "Esperando a Godot". 

Y así estamos, lamentándonos en silencio, sintiendo el dolor físico que refracta el alma. Con enojo, con bronca por la injusticia impartida. Tanto desamor? No es mucho el desinterés demostrado?? Si cada una de mis fibras sabe que el deseo es compartido, tanto??

Y así estamos, sintiendo por demás, enojándonos en silencio e intentando ahuyentar los demonios desatados. 

viernes, 8 de julio de 2016

exquisita liviandad

Anel: Qué extrañás?
Myra: Extraño cómo era yo con él. Me extraño a mi. Cómo me sentía estando a su lado. Esa sensación de libertad. Felicidad. El no importarme nada, pero literal. No es una frase hecha. Realmente no pensada en nada mas que ese momento.
Anel: Qué lo hacía tan especial?
Myra: Todo. El juego, las risas. Extraño reirme tanto. Hacíamos el amor riéndonos. Mirándonos a los ojos y sonriendo. Nos disfrazábamos, bailábamos. Nos sacábamos la ropa y nos escapábamos a la ducha. Nos bañábamos juntos y nos reíamos. Era especial porque sentíamos el despojo. La vulnerabilidad. No había caretas, poses, No había muros entre el sentir y el hacer. Éramos lo que éramos, y estaba bien. Sin juicios, solo siendo.
Myra: Qué mas?
Anel: No había tiempo. Era como si el tiempo se detuviera para nosotros, flotábamos en un universo sin tiempo. Mirarnos a los ojos y detenernos sin pensar.
Anel: Qué necesitás ahora?
Myra: Sentir que se me detiene el tiempo. Verme de nuevo llena de esos colores que irradiaba. Poder abrir el pecho y sentir.
Anel: No podés sentir?
Myra: Intento. Quiero. Pero tengo el pecho cerrado. Como si no pueda penetrar en él ni el mas tierno gesto. Y yo miro a alguien que sufre. Trato de ayudarlo. Trato de decirle que ese no es el camino, que tiene que cambiar de ruta. Porque yo sé que esas barreras no sirven pero después pienso "con que autoridad puedo yo aconsejarlo?". Si soy un fiasco, si me desvivo para saber cómo sacarme de este pecho todo lo que cargo, y no puedo. Si me paralizo ante el primer atisbo de emoción. Y te juro que intento, el puto universo sabe el esfuerzo que hago pero no me da tregua. Me pide mas y mas y mas y ya no sé cómo darle lo que quiere. Me culpo. Porque no puedo retener esos momentos de felicidad. Es como si se me escurrieran entre los dedos. Quiero sostenerlos y se derriten. Me despierto a la noche y pienso una y otra vez "qué estoy haciendo mal??" Me desvelo pensando qué mas tengo que hacer. A veces sabés con lo que fantaseo?
Anel: Con qué?
Myra: Estoy acostada y salgo de mi. Tengo una daga en la mano. Me siento encima y hundo la daga en mi pecho para abrirlo por la mitad. Y empiezo a clavar la daga en cada una de las paredes que hay, destruyo muros, puertas cerradas, todo hasta llegar solo a la carne, los huesos y el corazón latiendo. En ese momento vuelvo a mi, con una sensación de liviandad que me hace flotar. Qué necesito? Eso, liviandad para poder sentir.

viernes, 10 de junio de 2016

mensajes en el contestador

Estás ahí?? Siguen tus ávidos ojos leyendo mis temerosas palabras? Sigue tu boca sonriendo ante un diálogo imaginario? Siguen tus manos acariciando la pantalla cuando un recuerdo compartido aparece? Sigue tu respiración quebrándose cuando se traspasa la tristeza por esas letras sueltas? Siguen tus lágrimas cayendo sobre el teclado cuando me imaginás escribiendo? 

Sigo pensando en tu sonrisa? Sigo mirando tus ojos iluminados esas tardes calurosas en un baño perdido? Sigo llenando mis silencios con tu carcajada? Sigo ocupando mi inerte cuerpo con el recuerdo de aquel baile de sombreros alegres? Sigo buscando en el espejo, cada mañana, aquel reflejo que me regalaba el de tu casa? Sigo desorientada saboreando esos besos robados?

Estás ahí? Me preguntás cosas en voz baja? Querés saber de mí? Me querés ver? Me querés? Me olvidaste? Me recordás a veces? Sonreís cuando, de vez en cuando, te acordás de mí? Pensás en los aromas? En mi aroma? Recordás cómo olía? Querés recordar? Me escuchás cantando? Te acordás el ruido de mis labios bebiendo? Te acordás de mis labios? El roce con los tuyos? Te acordás?

Te sigo hablando en mis pensamientos perdidos? Te pienso recostado mirando por la ventana aquellas noches de verano? Te sigo escuchando en las gotas de cada lluvia tímida? Te sigo encontrando en la silueta de algún humo pecaminoso? Te quiero? Te encuentro, en sueños tristes, aún mas bello que antes? Te quise? 

El chillido estrepitoso del contestador sonó mas fuerte que nunca. Cómo si la última pregunta hubiera detonado el aparato en mil pedazos. Ya no corrían lágrimas por su rostro. Sólo colgaba el tubo y se quedaba allí, sentada en el piso con la mirada perdida. Con el vacío en sus ojos. Preguntándose, cuestionándose, culpándose, mimándose. Quieta, inerte. Tal vez, a veces, con alguna sonrisa esbozando por su boca. Ese sonido siempre fue muy inquietante. Era la constante prueba de que todo tiene un final. Día tras día lo mismo. No importaba si dejaba mil mensajes mas, no, porque ése, particularmente, había finalizado. Y ella nada podía hacer al respecto. Se paraba después de un rato largo. Como si de pronto una fuerza interna la levantara del piso aunque no quisiera. 

Una noche llegó cansada, se preparó un té. Disfrutó cada momento del ritual. Poner la pava en el fuego, preparar las hebras, elegir la cuchara. Cada detalle disfrutado como si fuera la primera vez. La cocina estaba cálida, cómoda, confortable. Buscó el libro y se sentó en la mesita; comenzó a leer cada palabra de esa historia narrada, sumergida en una dimensión interna. El sonido del agua hirviendo la sacó de aquel trance y se ocupó de su tan disfrutado té. Agarró la lata de esas galletitas especiales para este tipo de momentos y como una nena tomó, primero dos y con un gesto de picardía, sacó dos mas. Se quedó ahí sentada, ni el mismo tiempo sabe cuánto. Se refregó los ojos y marcó el libro antes de cerrarlo. Apagó  la hornalla y caminó lenta por el pasillo, apagando todas las luces. Se acercó a la mesa del teléfono, tomó el cable del velador y presionó la perilla. Llegó a su cuarto completamente a oscuras. Lentamente se metió debajo de las sábanas, del acolchado de plumas y se durmió. 

"No puede ser. Esto no funciona. No puede ser." 

Pensó que nunca nada podía ser mas terrible que escuchar su voz todas las noches llorando del otro lado del contestador. Sí había algo mas terrible: escuchar el silencio. Enfrentarse con el vacío de su ausencia. Sentir de pronto, todo junto. Ahogado. Repasando cada palabra anterior. 

Al día siguiente fue lo mismo. Cada día. La soledad empezó a invadir su espacio, y algunas tristezas se transformaron en bronca. Rencor. El quinto día fue crucial. "Basta" gritó, tomó el teléfono y la llamó. No respondió. Cortó casi como queriendo hundir el teléfono en el piso de cemento. Fue al baño, se lavó la cara y miró el espejo. Corrió por el living y agarró otra vez el tubo. 

Estás ahí? Solo quería...pensé que tal vez...mirá, quería saber si estabas bien, porque como de golpe...si, mirá, yo escuché los mensajes, algunos, y me pareció que de golpe...así como si nada...me dejaste de hablar? Conociste a alguien? Respondés mis preguntas mientras las escuchás? No querés hablar mas con mis silencios? Te enojaste? Conociste a alguien? Te lo pregunté ya? Sonreíste? Te olvidaste de mí? 

El primer chillido siempre es omnipotente. Es un corte abrupto; una filosa espada. Asusta. Él tiró el teléfono sin intención. Lloró un rato largo, sentado en el sillón. Tenía frío, estaba descalzo. Como pudo se levantó y cayó sobre la cama deshecha, acurrucándose entre la mezcla de sábanas, acolchado y ropa sucia. 

La noche siguiente fue decidido a la mesa, manoteó el teléfono y marcó. Había estado todo el día pensando qué decirle a esa máquina. Cada frase, cada palabra marcada a fuego en su memoria. Practicó distintos tonos de voz. Marcó. Ensayó en su propia máquina y escuchó una y otra vez sus propios mensajes grabados. Marcó. No era un error. Lo entendió la tercera vez. El mismo maldito mensaje las tres veces. Lloró hasta el cansancio. Hasta no sentir mas su cuerpo; hasta quedarse dormido en el piso. 

jueves, 2 de junio de 2016

ese intoxicante abismo profundo

No me puedo acordar. Tengo una absolutamente increíble charla mental y ahora....blanco total. 
Esa música. Esos lugares. No me puedo concentrar, así no. Así, echada en el sillón, flotando. Balbuceando palabras, sabores, colores. Así, a puro antojo, a puro sentir. 
Vuelvo. No me puedo acordar...
Paula: Me gusta lo que me decís
Alma: Qué bueno...
Paula: Tengo miedo
Alma: No lo tengas
Paula: No me quiero enganchar
Alma: No lo vas a hacer
Paula: Por qué?
Alma: No creo que vaya a permitirlo
Paula: No te querés enganchar?
Alma: No quiero nada que ya no esté teniendo ahora. Así estamos bien
Paula: Estamos? Qué estamos? Qué somos?
Alma: Somos esto. Para qué rotular? Para sentir una falsa seguridad inexistente? Por favor Paula, no te enrosques. 
Me acordé de ella cuando sopló la brisa. Nunca tuvimos esa charla. La brisa trajo  su imágen acostada en la cama. Su bello cuerpo medio cubierto con la sábana blanca. No creo en la religión, pero podría jurar que era un ángel. Se podía sentir la suavidad de su piel con tan solo mirarla. El claro pelo revuelto, posando cansado sobre su espalda. Tocando sus omóplatos. Tan tranquilos, mansos. Envidiaba su cabello afortunado. Sus curvas eran vertiginosas. Mirarlas era sentir un fuego en el pecho. Sentada en el sillón, fumando un cigarrillo, tenía que cruzar las piernas cuando veía sus curvas. Sus piernas no eran una sensación muy diferente. Tan perfectas, tersas, intensas. Siempre que la veía así, recostada, agotada de tanto amar, observando cada rincón de su cuerpo, me quedaba sin aliento. Esos segundos en lo que uno no puede respirar. Y de pronto, esa tan perfecta piel se transformaba. Entendí a la brisa mas que a nadie en el mundo. Incluso a veces, dejaba la ventana medio abierta para que pase y tímidamente pueda disfrutarla. Debo confesar que también empecé a disfrutar esa pequeña imperfección. Tan sensual, tan física. Contradictoriamente ardiente. 
Me acordé de ella. Sus gemidos, sus silencios. Su transpiración, mezclada con su perfume. El mío. Su lengua, filosamente gentil. Eso me gustaba de ella. Sus contradicciones. 
Me miraba tan profundo, que no podía sostener tanta verdad, tanto sentir. Sus manos me acariciaban despacio, fuerte, me apretaba fuerte hacia su pecho. Sus pechos...no puedo pensarlos. No quiero. 
Hermosos. Sensibles. Gotas de lluvia, después una bruma tropical, suaves gotas de rocío. Fuertes, salvajes....no quiero recordar. Sabrosos. Mi lengua extasiada acariciándolos, mordiéndolos. 
No quiero. 
Nunca tuvimos esa charla. Solo se fue. Lo supo. Las dos lo sabíamos. Me abrazó fuerte la última vez. Callé. Disfruté ese abrazo. Me sumergí en él, aunque sabía que era el abismo en su mayor profundidad. Lo disfruté. Detuve el tiempo unos segundos. Éramos solo ella y yo. 
Hubiera tenido razón. 
Se fue. No es que la haya dejado ir. Sería muy soberbio de mi parte pensarlo así. Y muy hipócrita. No quería dejarla ir. No podía. No quería. Esa terrible sensación de egoísmo puro y absolutamente consciente. Se separó lentamente mientras yo intentaba sostenerla despacio. Me sonrió. Me miró a los ojos y sonrió. Tan linda, genuina. Me sacó una sonrisa, me dió tanta ternura que me desbordó el alma. Sonreí casi al borde de las lágrimas. Entonces ella se dió vuelta y se alejó con muchísima firmeza. 
La miré irse en silencio. Tanto que logró ensordecerme. Tanto que se me nublaron los ojos y la perdí en un horizonte difuso. Se me entumeció el cuerpo. 
Decirle. Tantas cosas quería decirle. Hablarle de su piel, de la mía. De las charlas, las lágrimas. Mis lágrimas. Nunca la ví llorar. Eso, decirle que quería verla llorar. Tomar sus lágrimas y consolarla. Pensé tantas cosas hermosas para decirle. Fue en ese momento que entendí por qué se iba. 
Hubiera tenido razón. 
Callé y me sumergí dentro del abismo en su mayor profundidad. En ese tiempo detenido. 

jueves, 12 de mayo de 2016

conversaciones de chat...

Él: Hola Ana...qué andás haciendo?
Ana: Holaaaa...acá en el balcón, fumando un pucho y escuchando Laspe
Él: Drogada?
Ana: Obviedades no aclaro....jajaja
Él: Jajajaja si, tenés razón, perdón
Ana: Vos? Qué hacías?
Él: La verdad?
Ana: Sí, claro. Siempre
Él: Pensando mucho en vos...
Ana: Cosas lindas o cosas feas?
Él: Lindas. Todas
Ana: Qué bueno, a mi me pasa lo mismo

Él se quedó sin palabras. De pronto el chat quedó en silencio. Casi tan perceptible como cuando uno tiene al otro enfrente. 
Los dos mirando la pequeña pantalla, esperando. Pensando. Sintiendo. A los dos les pasa lo mismo, no saben qué hacer con eso. A los dos les duele el pecho de alegría, la sorpresa de ver cumplido el deseo. 

Ana: Podríamos dejar de pensarnos y encontrarnos, no?
Él: Y qué haríamos?
Ana: No sé, mirarnos a la cara y dejar de refugiarnos en los pensamientos.
Él: Jaja sos una genia, lo sabés?
Ana: Nada mas lejos de la realidad

Quedaron en un lugar, a una hora. Ella se preparó con todo. No quedó un detalle sin pensar. Salió de la casa con una hermosa sonrisa. La ansiedad era como una droga. Pensaba todos los escenarios posibles y se reía sola. Imaginaba posibles conversaciones. "Estoy re loca" se repetía una y otra vez.
Cuando llega, él la estaba esperando. Pensó ella: listo, hacé lo que sientas. Se abalanzó a él y se fundió en un abrazo fuerte. De esos que van creciendo con el tiempo, que se van apretando de a poco cada vez mas. Esos en los que mientras se está, se piensa "que no termine nunca". Él de a poco se fue relajando, se fue perdiendo en ese abrazo y empezó a sentirlo. Después de un buen rato, los cuerpos se fueron despegando lentamente, se separaban un poco cada vez. El frío que empezó a pasar entre ellos molestaba. 

Ana: Bueno, acá estamos. A dónde vamos? dijo, mirando a un costado. 

En ese momento él le agarró la cara con las dos manos y la besó. Ahora fue Ana la que de a poco empezó a fundirse en ese beso, a relajarse en esas manos, a sentir. Otra vez ese abrazo, esos besos que no podían terminar. Otra vez ese sentir

Esas conversaciones de chat nunca pueden terminar sin el encuentro. Nada supera el sentir al otro, pensó Ana.